Una noche interrumpiendo la profunda quietud, una gallina comenzó a llorar. Nadie sabía que el nacimiento de su hijo Manolito la había hecho emocionar. Manolito abrió los ojos acompañado de los acordes de su mamá y nunca más la música lo pudo abandonar.
En sus venas de gallo la llevó y así fue como el cuarteto lo contrató. No existió show en el que Manolito no participara; y a donde fuera, su voz siempre lo acompañaba.
Sus años de juventud junto al cuarteto hicieron de Manolito un cantante neto y aún hasta cuando se decidió jubilar, la música él no pudo dejar. Actualmente Manolito en esta Villa se instaló y con alegría continúa expresando la bella música que con su amado cuarteto aprendió.
Presentárselo estaría de más, porque con su canto él solo lo hará. Este gallo es distinto a todos, ya lo sabemos, pero como acallar lo que vibra en su interior. Más vale sonreír y recordar esta bella historia que hoy les cuento de mi amigo Manolito y su cuarteto.





